La leyenda de Lucía Fernández y la estatua del Ángel Caído del Parque del Retiro

La historia de la estatua del Ángel Caído del Retiro

Quonomy - 2019-08-12 18:39:00 - Ocio

Corría el año 1956, yo tenía nueve años y cada tarde iba con mis hermanos al Parque del Retiro de Madrid para disfrutar de paseos y juegos infantiles. Fue allí donde conocí a Andrés, guarda del parque, quien desde su anodina vida, vivió una de las historias más increíbles que haya escuchado. Esta historia que cuento, la sé de primera mano, así me la contó el mismo Andrés y así la transmito. Porque su historia, con el tiempo, se ha convertido en la leyenda de Lucía Fernández y la estatua del Ángel Caído del Parque del Retiro de Madrid.

La historia de Lucía Fernández del Retiro

leyenda del Retiro de Madrid

Parque del Retiro. 1956

Con su uniforme de pana marrón y su bandolera de cuero con una chapa de metal dorada, que mantenía siempre brillante, vivía feliz como guarda del Retiro. Después de tener en su juventud algunos amores que le dejaron desilusionado con las mujeres, ahora era feliz como guarda, esperando cada día con ilusión el momento en el que, de su pequeño zurrón, sacaba su trozo de queso, que con pan del día y su trago de vino, le suponía el almuerzo diario.

No tenía más preocupación que la de, al caer la tarde, ir despejando el parque de visitantes. En especial, las remolonas parejas de enamorados que no encontraban el momento de abandonar su refugio de amor, para después de quedar vacío de visitantes, cerrar las grandes puertas del parque. 

Desde hacía un tiempo, compañeros y visitantes le habían comentado la presencia en el Parque del Retiro de una mujer bellísima. Todos manifestaban su admiración al verla. 

Andrés empezó a sentir curiosidad e hizo lo posible por conocer a Lucía Fernández, que es como le dijeron que se llamaba la bella mujer. 

Romántico y aficionado a la poesía, empezó a escribir todo lo que sentía con relación a Lucía: 

Todos le hablaban de ella
y yo no la conocía,
Fernández era su apellido 
y su nombre, Lucía.

Llegó el momento en que conoció a Lucía y quedó muy impresionado por su belleza. Mujer morena de bonita melena, de cabellos negrísimos, y ojos verdes como esmeraldas.

Cuando conocí a Lucía,
se me apareció una estrella
y, por mucho que busco y miro,
no encuentro mujer más bella,
en el Parque del Retiro

Recordando sus amores de joven, intentó comparar lo vivido entonces y lo que sentía ahora.

Cuando yo decía pasión,
ni imaginarme podía
no existe comparación.
Mi corazón no sabía
lo que se puede sentir,
si ves pasar a Lucía.

Andrés comprobó que todo lo que le habían contado sobre Lucía no era exageración.

Causa total admiración
provoca tanto deseo
que pensé que no existía
por mucha imaginación

Viendo como paseaba, de manera provocativa, alrededor del quiosco de la música, comprobó cómo los maestros de la banda, al mirarla con admiración, perdieron el compás. Lo que causaba que el director de la misma enfureciera y tuviera altercado con los músicos.

Es tanta la expectación,
es tal su comportamiento,
que hace que suene fatal
la banda municipal 
al causa distracción 
y también su enfrentamiento.

Andrés se dio cuenta, que Lucía estaba cambiando su forma de vivir, ya no era tranquila y sosegada.

Tornas gloria en desventura
pues no puedo remediar
sentir por ti tal locura
cuando te veo pasar
y contemplar tu figura.

Solo con verla, su imaginación se desbordaba y sentía, lo que nunca sintió.

Cuando la veo pasar
con esa forma de andar
lo digo como lo siento
lo que más rabia me da
es poderme condenar
¡solo!
por mis malos pensamientos.

Preocupado por lo que le sucedía, pidió consejo al párroco de San Manuel y San Benito, iglesia situada en la calle Alcalá, frente al Retiro, el cual le aconsejó que no la mirara, pues al no verla, no tendría tentación. Y Andrés le razonó:

Tanto es el placer de verla
lo confieso y no lo niego
que prefiero condenarme
a poder quedarme ciego

Andrés reconoció que al conocer a Lucía, su vida cambió.

Tras satisfacer mi ego
ahora maldigo mi suerte
no tengo paz, ni sosiego
todo fue por conocerte.
Sin conocerte era libre
no quiero ser como era
quiero ser preso de ti,
que seas mi carcelera.

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La veía caminar por el paseo del estanque y le pareció que la misma estatua de Alfonso XII la seguía con la mirada.

Camina con tal grandeza
que no hay hombre que resista
pues contemplarla es un goce
y hasta gira la cabeza
por no perderla de vista
la estatua de Alfonso XII.

Al llegar por el paseo del estanque, a la altura del paseo de las estatuas (Paseo de Argentina), Andrés ve como Lucía se queda parada ante la más próxima, la del rey Chindasvinto, y esta al momento, se deshace convirtiéndose en polvo. 

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La estatua de Chindasvinto,
al ver pasar a Lucía
con andar de mujer fatal,
sin pensárselo dos veces
se bajó del pedestal.
Se ofrece de acompañante
de amante y hasta marido
el siempre considerado 
como el rey más aguerrido
cuando Lucía le ha mirado
la estatua de piedra dura
en polvo se ha convertido.

Andrés se siente identificado, con lo sucedido a la estatua de Chindasvinto.

¡Qué has hecho de mí!
Después de verte 
que esta vida sin ti
sería la muerte

Andrés compara su vida antes y después de conocer a Lucía.

Sin conocer a Lucía
no tenía sinsabores
se me pasaban los días
con queso, vino y pan tierno,
después de conocerla,
comparo este mal de amores,
con las penas del infierno.

Al pasar por delante del Palacio de Cristal, la caída del chorro de agua del geiser del estanque, le va siguiendo, aun en contra del viento, y Andrés queda desconcertado.

Donde antes había armonía
ya no hay control, ni gobierno,
tras conocer a Lucía
mi vida es un infierno

Todas las tardes, en el ocaso, Lucía se marcha por el paseo de Cuba. Andrés no sabe si se dirige hacia la cuesta de Moyano, o hacia Menéndez Pelayo, por lo que decide esconderse en la rosaleda, y confirmar su dirección.

Al ver llegar a Lucía a la plaza del Ángel Caído, observa cómo Lucía, apoyando un pie en el borde de la fuente, da un gran salto y queda integrada en la estatua de Lucifer. Andrés lo ve aterrorizado y lo entiende todo.

Ahora acierto a comprender
que Lucía no es mujer
aunque tarde lo he sabido
ella es el Ángel Caído
y no es Luci, es LuciFer

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Andrés no ha vuelto al Retiro, comentan que perdió la razón y que al preguntar sobre lo sucedido, y si estaba seguro que Lucía era LuciFer, uniendo sus malos recuerdos de amores pasados, con lo acaecido con Lucía, frustrado y con rencor, solo repetía:

Si ha de valer
para algo mi testimonio
no termino de saber
si este demonio es mujer
o esta mujer es demonio.

Nota: han pasado ya muchos años desde que supe esta historia pero, recientemente, he visto a una bella mujer morena de ojos verdes, paseando por el paseo del estanque y juraría haber visto girar la cabeza a la estatua de Alfonso XII, siguiéndola con la mirada. 

Fin

El monumento al Ángel Caído del parque del Retiro, con sus 666 metros de altura y obra del escultor Ricardo Bellver y fue inaugurada el 29 de abril de 1880. Desde entonces vigila a los paseantes del Parque del Retiro.

Autor: Mariano García Martín©

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